Imaginar: de Henry Ford a John Lennon
- Valentino Caruso

- 29 jun
- 4 min de lectura
"Hoy vivimos en el mundo que Henry Ford imaginó", así arrancaba el documental de dos horas sobre quien iba a revolucionar la industria automotriz, inventar la producción en cadena (fordista) y democratizar la movilidad.
El historiador que afirmaba esto, estaba parcialmente en lo correcto, sino del todo. Parcial digo, porque el mundo en el que vivimos fue imaginado por muchas más personas de distintas áreas. De la industria, medicina, aviación, o de las instituciones, universidades, escuelas, alfabetización y mucho más.
Henry Ford imaginaba un mundo donde cada uno tuviese movilidad personal, rápida y de larga distancia.
Ese mundo que imaginaba, lo llevaba dentro suyo. Como dije en un ensayo anterior (Sobre el deseo (o sea desde el otro, o sea desde el entorno)), aquello que uno imagina y desea, es posible. El deseo y la imaginación son naturales en nuestro ser, y emergen en el análisis y comprensión de nuestro entorno.
Cuando Henry Ford imaginaba en ese automóvil de manera monomaniaca, partía del mundo que lo rodeaba, del conocimiento que estaba disponible, de lo que veía y de lo que faltaba.
Esta alquimia interna en el cuerpo de Ford lo llevó a atraer a mecánicos, jóvenes, capitalistas e incluso blindarlo de distracciones. El trabajo incesante de Henry lo colocó efectivamente en una posición para transformar el mundo tal cual él había imaginado.
El objeto "auto" era un objeto transformador. Aunque el auto no estaba siendo imaginado por las demás personas de la sociedad (las demás personas tenían otras preocupaciones, desde ordinarias hasta complejas como la de Henry, tenían distracciones, o simplemente no imaginaban y deseaban tanto algo).
De todos modos, la sociedad podía albergar esta innovación. Los individuos estaban listos para explorar por fuera de sus límites, de su propio entorno, acceder a nuevos lugares.
El objeto auto, era un paso natural, y vivía en el inconsciente de la sociedad.
Fue Henry quien lo vio plausible y lo hizo real, pero su adopción estaba sustentada por la capacidad del pueblo. Capacidad de adoptar, de arriesgar, de organizarse, de interesarse.
La dialéctica entre Henry Ford (individuo) y el cuerpo de la sociedad (sociedad), está desarrollada en mi ensayo anterior, "la repetición como método de supervivencia".
Por otro lado John Lennon, imaginó un mundo libre de violencia, de religiones, de materialismo (consumista). Imaginó un mundo de paz y de hermandad.
¿Es esto posible? ¿Es que los cuerpos y la sociedad no está preparada? ¿Estamos siendo blindados por los amigos de Epstein, o Diálogo la sociedad secreta de Peter Thiel, o los 250.000 profesionales de alta tecnología que alberga Silicon Valley(1)?
¿O simplemente hay un desfase entre nuestra capacidad natural de entender el mundo expandido (2), empatizar con el ser humano y poder ver más allá de un objeto material?
Siguiendo la lógica fordista, un mundo de paz y sin religiones y sin violencia podría alcanzarse con una cadena de producción de sentido, creando acciones situadas y concretas (como un auto) en comunidades (como fue en Detroit), en un marco burocrático y legal (como era el sistema de patentes, control e interés de capitales), con foco en solucionar problemas éticos, humanos y de pobreza.
Pero, ¿es igual de redituable la paz que la guerra? ¿Era igual de redituable hacer un colectivo que un auto?
¿O nos queda la más desalentadora de las opciones que intuyo por algo que dijo algún "Martín" famoso filósofo del siglo XXI, que somos animales con razón que vemos al mundo a través de nuestra técnica, y que usamos las cosas fuera de nuestro cuerpo como objetos? ¿Usamos el mundo a través de su utilidad? (3)
¿Quiere decir esto que estamos los Homo sapiens sapiens limitados a poder transformar el mundo únicamente a través de lo que propone la técnica a través de objetos concretos y materiales? ¿De los martillos, las hachas, las ruedas y los hornos?
¿Todavía no hemos evolucionado y llegado a poder aprehender las ideas, enlatarlas, solidificarlas para transmitirlas?
¿Habrá un homo sapiens imaginens u homo sapiens espiritualens que pueda albergar dentro de sí una unión de los mundos? ¿Un mundo que sea bidireccional?
Just imagine…
Números de Silicon Valley - https://cnes.fr/geoimage/estados-unidos-california-silicon-valley-un-centro-de-innovacion-mundial-y-estadounidense
Diálogo, la sociedad secreta de élite de Peter Thiel - https://es.wired.com/articulos/dialog-la-sociedad-secreta-de-peter-thiel-quedo-expuesta-porque-su-web-estaba-mal-hecha-no-por-un-hackeo
El mundo expandido es aquel mundo que va más allá de nuestro entorno inmediato. Un entorno expandido por los medios, la digitalización, y la globalización de los mercados. Este entorno expandido trae consigo paradigmas ontológicos. Una alteración étnica aislada, generación de deseos y necesidades no situadas, y más.
Aclaración de Heidegger según la IA: Vale precisar el concepto que cito al final del ensayo, porque tiene un matiz importante. Heidegger no dice que veamos las cosas como "objetos" — dice exactamente lo contrario. Su punto es que no hay objetos sino instrumentos: una cosa se nos revela y se vuelve comprensible en la medida en que captamos su utilidad, su "servir para algo." Para Heidegger, tratar algo como mero objeto (lo que llama Vorhandenheit, "estar-ahí" como simple presencia) es en realidad un modo secundario y derivado de relacionarnos con el mundo — el modo de la ciencia y la teoría. El modo originario, el más cotidiano y primario, es el del útil a la mano (Zuhandenheit): el martillo no se nos aparece primero como objeto y después como herramienta, sino que se nos revela directamente en su uso, casi sin que lo notemos como "cosa." Por eso, cuando pregunto en el ensayo si estamos limitados a transformar el mundo "a través de objetos", la pregunta heideggeriana más precisa sería otra: ¿estamos limitados a la lógica de la disponibilidad instrumental? Porque para Heidegger el problema no es la técnica en sí —el artesano también usaba la técnica— sino la técnica moderna, que convierte al mundo entero en un almacén de recursos siempre disponibles, calculables, listos para ser usados. Esa es la diferencia entre el mecánico que imaginó el auto desde su propio deseo, y la cadena de producción que después fabricó miles de autos idénticos sin que nadie ya necesite desearlos.

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