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¿Para qué, exactamente, la exigencia? Para los tertulianos y los cacoristas. A través de Lacan


Cuando Lacan dio sus seminarios en 1953, sus esfuerzos para consolidar una comunidad alrededor de la práctica psicoanalítica eran inmensos, de la misma manera que lo habían sido para Freud. El psicoanálisis tiene muchas causas por las que podría todavía desaparecer o quedar marginalizado.


En su primer seminario, en su primera clase, Lacan, en su segundo párrafo, arremete contra la pasividad de quienes están en la sala: "Es la ley misma, y la tradición del seminario que quienes participan en él aporten algo más que un esfuerzo personal: una colaboración a través de comunicaciones efectivas. La colaboración sólo puede venir de quienes están interesados del modo más directo en este trabajo, de aquellos para quienes estos seminarios de textos tienen pleno sentido, de quienes están comprometidos, de diferentes modos, en nuestra práctica. Esto no excluirá que obtengan las respuestas que dentro de mis posibilidades pueda darles.


Me interesaría especialmente que todos y todas, en la medida de sus medios, a fin de contribuir a este nuevo estadio del seminario, dieran el máximo. Este máximo consiste en que, cuando interpele a tal o cual para encomendarle una parte precisa de nuestra tarea común, éste no responda con aire aburrido que, precisamente, tiene esta semana ocupaciones particularmente importantes.


Me dirijo aquí a quienes forman parte del grupo de psicoanálisis que representamos. Quisiera que captaran que si éste está constituido como tal, con carácter de grupo autónomo, lo está en función de una tarea que implica para cada uno de nosotros nada menos que el porvenir: el sentido de todo lo que hacemos y tendremos que hacer durante el resto de nuestra existencia. Si no vienen aquí a fin de cuestionar toda su actividad, no veo por qué están ustedes aquí. ¿Por qué permanecerían ligados a nosotros, en lugar de asociarse a una forma cualquiera de burocracia, quienes no sintiesen el sentido de nuestra tarea?"


Más adelante, en la misma clase, va a señalar desde el púlpito a grupos de dos de sus discípulos más conocidos para comprometerlos a estudios en materias puntuales de su propia teoría.


Esta intención tiene un carácter autoritario y a la vez mágico. Autoritaria porque transfiere sus inquietudes, su curiosidad y ansiedad teórica, tratando de romper la pasividad e instaurar una actitud. Y mágico porque veía la posibilidad de mejorar la teoría, y a sus discípulos, de integrar una comunidad atenta, existencialmente direccionada, de exigencia. La magia de algo que no está pero que se visiona y se siente. Usando comunicaciones efectivas. ¿A qué se refería con esto? ¿Pueden ser nuestros textos grupales, nuestras películas, nuestras tertulias y actividades comunicaciones efectivas?


Me hace pensar en la capacidad de ver intersticios, abrir espacios entre bloques y dinámicas sociales que se puedan habitar en cooperación, con intención y responsabilidad, como una revista barrial o una biblioteca libre y gratuita en la calle. ¿Qué comunica ello?


Nuestra tertulia en gran medida tiene este carácter, y si alguna vez no fui claro en por qué les pido que no falten a nuestros encuentros, que no pueden no mandar el texto semanal sobre política, filosofía o arte, es porque mi espíritu siente el sentido de nuestra tarea… ni loco me asocio a una forma cualquiera más burocrática para buscar la Verdad.




 
 
 

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