Quizá Dios no existe
- Valentino Caruso

- 14 jul
- 3 min de lectura
Quizá Dios no existe.
Quizá es solo un signo inventado por el ser humano
Quizá sea, al final, solamente física y química profunda.
El humano descubre órdenes y produce signos. Son dos cosas distintas. El orden del triángulo no lo inventamos: estaba ahí, lo encontramos. Lo que inventamos es el signo —la palabra, la figura en el pizarrón— para nombrar lo que encontramos.
Así como encontramos el orden del triángulo, encontramos órdenes en las plantas, las ciudades, los mercados, el lenguaje. Y de tanto encontrar órdenes, produjimos un signo para el orden del todo: el signo de Dios, el del Universo. Tuvo que hacerlo, porque esa es su naturaleza.
El signo lo inventamos nosotros. El orden que el signo señala, no.Empezamos con dibujos y pasamos a signos más complejos, elaborados con palabras.
Sin embargo, en algún momento extravió su significado, y perdió la capacidad de entender ese orden en particular. Entender, digo, cómo “percibir”, relacionarse sin el poder del saber, sin transformarlo en objeto.
Al hombre común y a las políticas más masivas, la fe (sí, finalmente es aquella misma fe) en la razón los llevó a creer y a vivir bajo los nuevos signos que sí podían entender con su nueva y preciada facultad. La razón se transformó en el tesoro de la humanidad, sin saber… que era poderosa pero limitada.
Perdimos, como se pierde un anillo en el mar, el signo —y con él, la capacidad de leerlo. El orden no lo perdimos: el orden no se puede perder, como no se puede perder el triángulo. Lo que perdimos fue el modo de acceder a él. Nos quedamos con la palabra "Dios", anacrónica, vacía, sin saber ya cómo leer lo que esa palabra señalaba.(1)
Seguimos ciegos. Y allí donde estaba el signo total, ahora no había nada. El orden de nuestra propia existencia había desaparecido, o muerto.
Los japoneses dicen que cuando algo se muere, se seca y se rompe, como el bambú…
El humano perdió el signo que le daba Verdad a su existencia. La famosa muerte de Dios.
La buena noticia es que el orden sigue allí. Como un triángulo que está todo el tiempo listo para ser descubierto por una niña curiosa. Está allí, latente.
En eso el triángulo se parece a Dios: está ahí, esperando, aunque nadie lo vea todavía. Pero en lo demás no se parecen. El triángulo tiene finitas propiedades, y se deja agarrar, se deja objetivar, y no le pasa nada. El Universo es eterno e infinito, como un punto con infinitas circunferencias. Si lo querés convertir en cosa, se pierde.
Pero de alguna manera algo se manifiesta. Es en el movimiento de nuestros cuerpos y de los árboles: es el orden total, el que contiene la armonía y el caos, la vida y la muerte, el vacío y la materia.
¿Podremos ver en esas dinámicas múltiples un testimonio de aquel orden en la física y química profunda, pero manifestado (inmanencia)?
Como un triángulo en una hoja de papel nunca se ve igual al triángulo ideal, la pureza de Dios se desdibuja en este plano limitado. Y así está bien. Es la naturaleza del plano físico. (2)
Nos quedamos con la palabra cargada por hechos históricos que usaron la palabra para crear mal y ejercer la crueldad. La palabra quedó manchada en el inconsciente colectivo. Pero los signos, son solamente signos. El signo no puede prenderse fuego, sino quien lo interpreta, quien es movilizado por él.
Queda la pregunta qué signos ayudan al humano a crear un mundo mejor, un proyecto más comunitario? ¿Qué signos operan hoy en la contemporaneidad capitalista?

Comentarios