Repetir como método de supervivencia.
- Valentino Caruso

- 15 jun
- 8 min de lectura

En la tertulia pasada, el guía de la conversación dijo en un momento que "la repetición en la naturaleza es un método de supervivencia" o algo así. Pero cuán cierto y qué textura temporal le da esa frase a la evolución de las ideas.
Las ideas precisan de dos cosas para vivir. De cuerpos que las alojen y de condiciones materiales que las hagan emerger. (Por eso, las ideas estan controladas por el poder, y por eso el pensamiento libre es tan escaso.)
En el mundo hay variabilidad de ideas. La cultura es quien las aglomera, las reproduce, las fundamenta. La cultura tiene en general tres niveles. El profundo, donde operan los mitos fundacionales (y geográficos); el intermedio, que le da forma a las instituciones; y el superficial, que atiende más a lo fluido y actual.
La repetición de cuerpos comportándose, o sea, manteniendo vivos esos tres niveles de la cultura, permite que sobreviva, efectivamente, nuestra cultura. Esta repetición es una técnica de la naturaleza. O de Dios, o el arquitecto, o el Universo, o la mente cósmica, o Naturaleza o como gusten llamar.
Este mecanismo que puede parecer tan claro cuando se lee, opera al nivel inconsciente en el día a día (ese es el truco). Para los más despiertos, la visión de la utilidad esencial de nuestras vidas (el sentido) aparece en momentos de mucha intensidad y cercanía con la Verdad/el amor/el Universo, como cuando se tiene un hijo, se está al borde de la muerte, o se descubre/inventa algo intenso, novedoso y paradigmático, o se forma parte de un cambio a nivel histórico.
Esto se me aclaró experimentalmente cuando conocí a dos personas. Osea dos cuerpos y sus mentes comportándose, ósea “siendo”...
El viernes a la noche nos juntamos a intoxicarnos con alcohol para salir a bailar, tres mujeres y diez hombres.
Uno de ellos me hizo ver con claridad que la evolución no es uniforme. Pues uno de ellos, con la confianza y seguridad de un cazador (es necesario encarar al tigre con fiereza), emitía juicios sobre todos los que no tuvieran piel blanca por sus olores. Desde los amarillos a los negros, pasando por las diferentes teses de piel, todos tenían un olor que lo desagradaban y no le permitían congeniar.
Esto es, sin duda y no es invento mío, cómo funcionaba la mente de los cazadores y recolectores por miles de años. El juicio que no se había elaborado (1) estaba guiado por los sentidos. Un buen olfato y un buen oído podrían salvarte la vida una tarde cualquiera.
Fue delicioso para mí ver cuán genuino era que él siguiese ahí con nosotros en la mesa. Cualquiera se podría haber enojado, solo se avergonzaron, pero a fin de cuentas, él estaba en el seno de nuestra existencia. (2)
Por otro lado había otro que me sorprendió de buena manera.
Una persona que después de contar brevemente su historia (colegio privado, club de rugby y amistades saludables, buen trabajo, MBA en Columbia NY y una vida feliz) dejó dos grandes momentos.
El primero: confesaba que no creía en nada que no fuese empíricamente demostrable ni tuviera una lógica científica. La realidad se agota en el número. La inteligencia del cosmos o la planta se agota en las fórmulas. Sin embargo, tras contar una experiencia algo traumática que había transitado, había acudido a un psicólogo (ahí había empezado su defensa del determinismo científico) que, aunque lo había ayudado, no había podido demostrarle lo suficiente. Allí lo inconsciente del mundo y lo misterioso quedaron detrás de la puerta blindada de lo que se puede ver y mostrar. (Incluso lo recuerdo con las dos manos sobre la mesa, dando a entender que la mesa estaba allí porque la podía tocar). (3)
En segundo lugar dijo algo de nivel evangélico. Jesús mismo lo hubiese felicitado. Había creado (recordar esta palabra, pues es la que sostiene la teoría) por sí mismo una escala de valores morales que se reducía a dos preguntas:
¿Me hace bien a mí?
¿Le hace bien o mal a otro?
Aseguraba que pasando cualquier idea que tuviese por ese filtro, le daría la respuesta para su accionar.
Aquí fue donde el mundo se terminó de abrir, y volvió a mí la idea de que para que las plantas, los animales y los humanos pudiéramos sobrevivir, debíamos repetir.
El hombre, con su conciencia y razón, tanto como con su inconsciencia (4) se crea a sí mismo.
A través de sus padres y el colegio. A través de sus amigos y competencias deportivas. A través del trabajo y el amor. De los éxitos y de las frustraciones. Va como el escultor que esculpe el mármol; este va (con mayor imprecisión) creándose a sí mismo. A nivel que crea un sistema de valores morales propios, con un modelo racional y concreto para creer en su ficción. La cultura es para el humano, lo que la tierra rica en minerales es para las plantas.
El hombre tiene una vida con diferentes estadios (hay ensayos publicados míos sobre los diferentes momentos de la vida y la relevancia especial de los treinta y tres años). Todos los estadios tienen sus artimañas, tienen lo bueno y lo malo.
La creación, hay que decir, es puramente experimental. La planta crece con "transacciones/movimientos" biofísicos. Con el aire, el sol, la tierra, los insectos, etc.
El conocimiento en los humanos está también a prueba y error con el entorno. (5)
Pero hay algo que vive dentro de sí y es que va hacia la unidad. Esta persona había logrado unirse consigo mismo y con la sociedad en armonía.
Esta armonía era la que se necesitaba para repetir el mundo. Absorber la cultura, masticarla, reproducirla. Este pibe era el cuerpo que alojaba un cierto nivel y entendimiento particular y bastante honesto, respetuoso del mundo. Repetía la estructura tal cual está, en sus mejores facetas. Es un trabajador del mundo, de la familia, de los amigos. De la diversión en la intoxicación.
La estabilidad del mundo con su pequeño y lento progreso radica pura y exclusivamente en nuestros cuerpos, en el mio en el de el y nuestros amigos. Estos cuerpos adoptan lo que se les da, confían y siguen. Compran, usan, venden. Estudian, trabajan, cobran, gastan y mueren.
La voluntad de la naturaleza nos dio el miedo, la comodidad y la confianza en la materialidad, quizá, para que podamos repetir lo dado. Sin preguntar tanto.
Sin repetir, sin volver a mandar a los hijos al colegio al que fuimos, sin volver a pagar los impuestos, sin volver a votar a un presidente "democrático", no hay cultura ni hay mundo. Sin gente que haga MBA, no hay tecnología aceleracionista, y sofisticación de los mercados. No por que lo piensen o elaboren, por que lo reproducen.
Sin cuerpos que queden atrapados en un lugar sin preguntarse o rebelarse ante las instituciones o el statu quo, el sistema se cae. Cuando las condiciones materiales se dan para que una idea benévola se instaure en la sociedad y la haga avanzar, como fueron la abolición de la esclavitud, la comida orgánica, los derechos laborales y más, seguirá lentamente avanzando. ¡Avanti! ¡Bienaventurada! (6)
Ahora, es en el cuerpo de este pibe y en los de sus pares que debemos confiar nosotros. Aquellos que llevamos la visión más lejos, que usamos el poder de tantas mentes del pasado para imaginar más allá de la materia. Imaginar las causas del universo y nuestra vida. Sus fundamentos, su sentido. Aunque no haya palabras para aquello y no sea aprehensible. Por eso mismo digo conocer sus causas. Solo podemos conocer indirectamente; no podemos conocer la Verdad directamente. (Excepto con psicodélicos, meditación o yoga, o experiencias muy intensas que desconosco, estoy abierto a escuchar.)
La sociedad es diversa. Y es el momento de la historia con mayor diversidad. Sin embargo, hay una cosa que nos agrupa en esa diferencia. Y es el sentido de la vida, la forma que tiene el devenir (palabra para hablar del fluir perpetuo) del Cosmos, de los organismos con vida.
No podemos prescindir de la bondad de aquellos que son felices, y son felices porque su sentido está cumplido (esto me costó tanto entender). Su sentido es trabajar en pos de un mundo. En la fiabilidad de un mundo. Aunque podamos quejarnos de la lentitud con que algunas cosas penetran con profundidad en la cultura, es una dialéctica viva, y es natural. ¿Cuánto tarda una montaña en desaparecer? (¿Pero cuánto tarda una isla volcánica en formarse?)
Es la dialéctica (el ida y vuelta entre el uno y el todo) que se da siempre para la evolución: repetir, adoptar, adaptar, repetir, repetir, MBA, MBA, MBA, morir (las cosas, animales e ideas se extinguen), nacer, mutar, adaptar, MBA, MBA, MBA.
Va a parecer que esto da superioridad, pero se equivocan. El texto peca de estar escrito desde una perspectiva, y el mismo análisis podría hacerse al revés. Yo también reproduzco mundo.
Pero aquel que piensa en el Ser y el sentido y está en busca de sus causas está en el mismo nivel que quien aguanta al mundo. Sin aquel cazador-recolector, sin un Atlas (quien sostiene el cielo), no hay cielo que iluminar. Sin los cuerpos que repiten y aguantan, no hay condiciones para que emerja la conciencia más alta. Somos parte de lo mismo. Hay diferencia funcional, no moral.
Estamos articulando juntos nuestra posibilidad de existencia. Y esto lo demuestra bien que la felicidad no está solo en un lugar. Está en un solo valor: dar sentido y honestidad a nuestra existencia. Como dicen los Estoicos y los Orientales: ser como una planta.
El juicio, el momento donde la mente contrasta y compone conceptos adquiridos previamente, se va sofisticando con el tiempo. La historia muestra que la emergencia de ideas nace de la composición de ideas que nacieron previamente. De ahí la famosa frase de Newton: "Si pude ver más lejos fue porque me paré sobre los hombros de gigantes". Hace ocho mil años había pocos conceptos para pensar cómo se prendía el fuego. El fuego se prendía por intuición. Los conceptos llegaron con el tiempo.
Con esto no lo disculpo, solo marcando que en él, que en ese cuerpo operaba algo muy antiguo. Y que ese algo antiguo también opera en nosotros, de otras formas. La diferencia es el grado de conciencia sobre eso que nos habita.
En el libro ¿Qué es el ser? del físico Stephen Hawking, le da un choque de los cinco con amabilidad a este modelo de realidad creado por los sentidos. Pero con muchos ejemplos y simplicidad lo pone en una repisa para poder ver más allá.
Aviso que esto predomina. Es donde está el ello lacaniano, la voluntad eterna de la naturaleza, o sea donde están las pulsiones primarias: tener hijos, crecer, enamorarse, vivir, morir.
Empezar a conocer el mundo a través de los sentidos y el entorno es lo más natural y necesario. Sin embargo, Spinoza va a argumentar que las personas deben empezar por ahí, y mirar con fuerza para acceder más allá de la materia. Porque lo que vemos o incorporamos con los sentidos es el efecto de las causas.
De la misma manera que expongo esto, que es una pequeña parte de la estructura relacional entre cultura y cuerpos, se podría de la misma manera hablar y señalar y criticar como la cultura su mantuvo en esta dirección gracias a la supresión y eliminación de grandes cantidades de cuerpos a través de genocidios y guerras. De la misma manera, se mantiene la cultura por las duras limitaciones socio-políticas que legitiman una vida privada de otra. Así dando lugar clases sociales bajas y silenciadas.

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