Sobre el deseo (osea desde el otro, osea desde el entorno)
- Valentino Caruso

- 1 jun
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Nosotros los humanos aprendemos de nuestro entorno. En el momento en que vamos creciendo y adquirimos la digitalidad como parte de nuestra realidad, el entorno se expande. El entorno expandido trae aparejadas consecuencias para como internalizamos aquello que aprendemos, cambia cualitativamente la formación del yo.
El sujeto está acostumbrado en sus primeros años a jugar o interiorizar aquello que ve y puede tocar. Aquello que experimenta o lo afecta. Esto es: su cuarto y su cama, sus padres y familiares, su colegio y compañeros. Geográficamente, el verde o la ciudad, el ruido o el movimiento lento de lo natural.
El entorno son “datos” (aunque esta palabra no es correcta porque los datos son separables y neutros, mientras el entorno es continuo, afectivo, corporal. Hay que buscar otra palabra) el sujeto va incorporando y con los que construye su inconsciente y su conciencia. Se está formando el yo.
El yo surge porque aquella pulsión primaria (los instintos, la pulsion de vida y de muerte) empieza a relacionarse con el Gran Otro (para usar una frase conocida, osea el orden simbólico de la realidad, el lenguaje, la ley la cultura. El Gran Otro, el entorno, es una condición necesaria para que se produzca el sujeto. El YO pareciera emerger como por la relación entre esas pulsiones primarias y el afuera de un cuerpo. Es mediador.
Este entorno está compuesto por cosas y situaciones que dependen de los deseos de otras personas.
Todo lo que el entorno le muestra al sujeto y que este interioriza como “datos” puros y concretos, fueron el resultado de las composiciones en las mentes de otros sujetos y de su deseo de creación.
La institución escolar, el lenguaje, las dinámicas familiares, las dietas, qué es lo que un niño hace en su infancia (trabajar, jugar, mirar TV). Todo es el deseo de otro grupo de personas. El Gran Otro es un gran grupo de personas: es la sociedad con sus instituciones.
Cada objeto y palabra del entorno simbólico y cultural de la realidad está cargada del deseo tanto de algo abstracto como el capital, o de algo concreto y humano. Todo entorno que el humano incorpora es una cantidad de datos que en su esencia son el deseo de otra persona o entidad.
El deseo de uno es el deseo del otro.
Tiene que ver lisa y llanamente con que nunca se desea espontáneamente. (Deseo distinto a necesidad).
Todo lo que incorporamos son construcciones de otros.Ahora bien, nosotros componemos aquello que incorporamos. Incorporamos datos, componemos dentro nuestro, y esa composición tiene una ventaja: un análisis con juicio a posteriori de la ingesta de datos.
Nosotros procesamos la realidad, haciéndola (en el mejor caso) algo más refinado, más complejo, más cercano a uno.
De la misma manera funcionó el conocimiento a lo largo de toda la historia. Newton dijo famosamente: "Si pude ver más lejos fue porque me paré en los hombros de gigantes."
Incluso esa frase está parada sobre hombros de gigantes.
Si sumamos a Heidegger y lo relacional:
Estas ideas sobre el deseo y el entorno del cual nos alimentamos en información para crear y producir nuestra subjetividad quieren decir que no hay nada individual. Lo único propio de cada individuo es el esfuerzo de perseverar del ser. El ser, que es propio de cada individuo, se expresa en relación. El individuo se constituye en relación. Es constitutivamente relacional.
El individuo es puramente relacional. Es tanto en relación con los otros como parte de una gran masa, y está en relación con el entorno.
La capacidad del lenguaje es natural; sin embargo, el desarrollo de lo técnico (la gramática, los símbolos, los códigos) se desarrolló con otro. Esto incluye anacronismos: algo desarrollado en otros tiempos sigue generando desarrollo de una capacidad.
El lenguaje está abierto al mundo. La escritura, cuando nació — y lo hizo en varias regiones independientemente — habla de una disposición hacia la escritura. La literatura se abre al mundo. Pudo extinguirse, pero tuvo un nivel de adaptación muy alto.
El individuo, lo único propio que tiene es su yo. El yo es la instancia estructural que desarrolló el bicho humano para crear un deseo superficial que sea el motor del deseo fundamental existencial de la especie. Es una ficción necesaria.
El darwinismo aplicado a las técnicas más poéticas o simbólicas.
El ser humano es puro símbolo. Lo único que interpreta de la realidad racionalmente son símbolos.
Todo lo demás son estímulos e instinto: el genio de la especie.
La escritura se acomodó dentro de nuestra capacidad para proliferar (no pudieron hacerlo sobre el Homo erectus), porque estos no podían representar la representación.
¿Y si la lengua nos vive a nosotros? ¿Y si el ideal de la lengua empujó a la naturaleza a crear una conciencia más elevada para poder albergar la lengua?

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